Al igual que muchísimos de mis contemporáneos, paso una gran cantidad de mi tiempo conectado a Internet. En el colegio y en la universidad, este tiempo lo dividía entre el estudio, las redes sociales y, seamos honestos, una adicción a uno que otro juego. Ahora, un poco más grande, vivo obsesionado con la cantidad y variedad de información y de opiniones disponibles a un solo clic, que me permiten estar al día en la vanguardia de cuanto tema me interese en un determinado momento.
Es voyeurismo del bueno. Si el contenido me interesa, me muero (bordeando lo enfermo) por conocer los comentarios y las opiniones de los demás. Acabé adicto a los blogs y a los artículos colgados en Internet, y leo muchísimos de ellos con regularidad, sean de música, literatura y ciencia, o de política, economía y finanzas. Siento que así uno puede llegar a ser un experto en cualquier cosa, sin tener que serlo en realidad.
La mayor parte de las personas que comienzan un blog dedican la primera entrada a tratar de justificar su creación. Voy a hacer mi mejor trabajo: yo quiero una plataforma para registrar y organizar el contenido que me cautiva en un momento dado, independiente de que haya o no un hilo conector de un post al siguiente. Con un blog, cumplo este propósito, y, además, expongo mis intereses para que el resto de la red tenga una fuente más para leer.
martes, 5 de enero de 2010
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